Estuve en un lugar increíble. Un río de noche. El agua reflejaba la luna pero en el fondo, en las rocas que se veían desde arriba. Su caudal terminaba en una cascadita, haciendo remolinos y burbujeos en la caída. Y justamente era ese sonido, la música, la cadencia mágica que armonizaba mi sueño: Castellorizon...
Yo estaba parada en la orilla, sobre el pasto húmedo que me mojaba los pies.
Una mata de juncos bailaba flexible con una brisa tibia.
No hacia frío. Seguramente era verano.
En el horizonte, se vislumbraban las siluetas oscuras de una cadena de árboles añosos supongo, por lo altos. Detrás, el cielo luminoso que era azul, azul profundo, infinito, el fondo perfecto.
Me recosté y volé. Llegue hasta donde nunca había llegado, sentí la vida de las plantas y creí tocar las estrellas, hermosas.
Y lloré porque me emociona tanta belleza, porque a veces percibo que no abarca en mí y me siento insignificante y pequeña. Te imaginé llegando a compartir esto conmigo, con tu bella sonrisa y me acorde de que en realidad, estaba buscando el sol.
Me desperté.
Tal vez sea la próxima.

2 comentarios:
Por las tierras de la magia y de la fantasía es frecuente ver deambular por las noches claras a aquellos que van detrás de una ilusión.
Quizás cuando la luz es poca se abren los ojos a un nuevo mundo y allí se resaltan las cosas realmente importantes.
Esa es nuestra misión en el mundo,sorpendiendo espíritus a fuerza de pases de magia, mostrar que la importantancia de las cosas está en el alma de quién las observa.
y en el alma, brilla el sol, no?
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